Textos para la reflexión

Fuentes: Hemerotecas; Internet; www.cristianosgays.com


Hans Küng:
Carta abierta a los Obispos católicos del mundo
 

Estimados Obispos:

Joseph Ratzinger –ahora el papa Benedicto XVI– y yo fuimos los teólogos más jóvenes en el Concilio Vaticano II de 1962 a 1965. Ahora somos los mayores y los únicos que seguimos en plena actividad. Siempre entendí que mi trabajo de teólogo estaba al servicio de la Iglesia Católica Romana. Por ello, con ocasión del quinto aniversario de la elección del papa Benedicto XVI, hago este llamado en una carta abierta. Al hacerlo, estoy motivado por mi profundo interés por la Iglesia, que ahora se encuentra en la peor crisis de credibilidad desde la reforma protestante. Por favor, disculpen el formato de una carta abierta; lamentablemente, no tengo otra manera de llegar a ustedes.

Mis esperanzas y las de los católicos que esperan que el Papa encuentre su manera de promover una renovación de la Iglesia y un acercamiento ecuménico en el espíritu del Concilio Vaticano II no han sido, lamentablemente, satisfechas. Su pontificado ha dejado pasar más oportunidades de las que ha tomado: se perdieron las oportunidades de acercamiento con las iglesias protestantes, de la reconciliación a largo plazo con los judíos, del diálogo con los musulmanes en una atmósfera de confianza mutua, de reconciliarse con los colonizados pueblos indígenas de América Latina y de dar asistencia al pueblo de África en su lucha contra el sida. Se perdió, también, la oportunidad de hacer que el espíritu del Concilio Vaticano II sea la brújula de toda la Iglesia Católica.

Este último punto, respetados obispos, es el más serio de todos. Una y otra vez, este Papa agregó calificativos a los textos conciliares y los interpretó contra el espíritu de los padres conciliares:

  • Regresó a los obispos de la tradicionalista Sociedad de Pío X a la Iglesia sin condiciones previas;
  • Promueve la medieval Misa Tridentina por todos los medios posibles;
  • Rechaza poner en marcha el acercamiento con la Iglesia Anglicana, que fue presentada en documentos ecuménicos oficiales por la Comisión Internacional Anglicana-Católica Romana;
  • Ha reforzado de manera activa las fuerzas anticonciliares en la Iglesia, designando a funcionarios reaccionarios en puestos clave en la curia y designando obispos reaccionarios en todo el mundo.

Y, ahora, sobre estas crisis aparecen escándalos gritados al cielo: la revelación de que clérigos abusaron de miles de niños y adolescentes en todo el mundo. Para hacer las cosas peor, el manejo de estos casos dio lugar a una crisis de liderazgo sin precedentes y al colapso de la confianza en el liderazgo de la Iglesia. Las consecuencias de la reputación de la Iglesia Católica son desastrosas. Importantes líderes del clero ya lo han admitido. Varios inocentes y comprometidos pastores y educadores están sufriendo el estigma de sospecha que ahora cubre a la Iglesia.

Ustedes, obispos, deben enfrentar la pregunta: ¿Qué le pasará a nuestra Iglesia y a sus diócesis en el futuro? No es mi intención bosquejar un nuevo programa de reforma. Solo quiero hacerles seis propuestas que, estoy seguro, son apoyadas por millones de católicos que no tienen voz en la situación actual.

No se queden callados: Haciéndolo frente a tan serios agravios, se contaminan con la culpa. Cuando crean que algunas leyes, directivas y medidas son contraproducentes, deben decirlo en público. ¡No envíen a Roma muestras de su devoción sino hagan un llamado a la reforma!

Empiecen la reforma: Muchos en la Iglesia y en el episcopado se quejan de Roma, pero no hacen nada. Ya sean obispos, sacerdotes o laicos, todos pueden hacer algo para renovar la Iglesia en su propio círculo de influencia. Muchos de los grandes logros que han ocurrido en parroquias individuales y en la Iglesia en general deben su origen a la iniciativa de un individuo o de un pequeño grupo. Como obispos, deben promover y apoyar esas iniciativas, y –en especial, por la situación actual– deben responder a las justas quejas de los fieles.

Actúen en un modo colegiado: Contra la persistente oposición de la Curia, el Concilio Vaticano II decretó la colegiatura del Papa y los obispos. En la era postconciliar, sin embargo, el Papa y la Curia han ignorado este decreto. Apenas dos años después del concilio, el papa Paulo VI publicó su encíclica defendiendo la controvertida ley de celibato sin consultar a los obispos en lo absoluto. Desde entonces, la política y el magisterio papal han seguido actuando de esa antigua e incolegiada manera. Es por ello que no deben actuar solos, sino más bien en comunidad con otros obispos y con los hombres y mujeres que constituyen la Iglesia.

La obediencia incondicional se debe solo a Dios: Aunque en su consagración episcopal tomaron un juramento de obediencia incondicional al Papa, ustedes saben que la obediencia incondicional nunca se debe a una autoridad humana; esta es solo para Dios. Por eso no deben sentirse limitados por su juramento para decir la verdad sobre la crisis actual que está enfrentando la Iglesia, sus diócesis y sus países. Presionar a las autoridades romanas con el espíritu de la fraternidad cristiana es permisible e, incluso, necesario cuando ellas fallan en cumplir con el Evangelio y su misión.

Trabajen por soluciones regionales: El Vaticano suele hacer oídos sordos a las bien fundadas demandas del episcopado, los sacerdotes y los laicos. Esta es razón suficiente para buscar sabias soluciones regionales. Como están bien al tanto, el rol del celibato –una herencia de la Edad Media– representa un problema particular delicado. En el contexto de los escándalos de abusos del clero de hoy, el celibato ha sido puesto en duda. Contra el deseo expreso de Roma, el cambio se ve apenas posible, pero esto no es razón para la resignación. Conferencias episcopales individuales pueden tomar la delantera con soluciones regionales. Sería mejor, sin embargo, buscar una solución para toda la Iglesia. Por ello:

Convoquen un concilio: Así como el logro de la reforma litúrgica, de la libertad de clero, del ecumenismo y del diálogo interreligioso necesitaron un concilio ecuménico, ahora se necesita un concilio para solucionar los problemas que se intensifican dramáticamente y que piden una reforma. En el siglo previo a la reforma protestante, el Concilio de Constanza decretó que los concilios debían efectuarse cada cinco años. Pero la curia romana logró evadir esta regla exitosamente. Por ello, depende de ustedes presionar para que se llame a un concilio o, al menos, una asamblea representativa de obispos.

Con la Iglesia en una profunda crisis, este es mi llamado, venerables obispos: pongan en uso la autoridad episcopal que fue reafirmada por el Concilio Vaticano II. En esta situación urgente, los ojos del mundo giran hacia ustedes. Innumerables personas han perdido su confianza en la Iglesia Católica. Solo reconociendo abierta y honestamente estos problemas y resolviéndolos y realizando reformas, la confianza puede ser recuperada. Con todo respeto, les pido que hagan su parte en el apostólico "sin miedo' (Hechos 4: 29,31). Den a sus fieles signos de esperanza y estímulo y den a nuestra Iglesia la brújula para su futura dirección.

Con cálidos saludos en la comunidad de la fe cristiana,

Hans Küng

¿Qué dice la Biblia sobre la homosexualidad?
 
Rafael S. V. Rivera
Licenciado en Filología Bíblica
por la Universidad Pontificia de Salamanca

Algunos cristianos y judíos afirman basarse en la Biblia para condenar la homosexualidad. Cuando el último libro de la Biblia se escribió ni siquiera existía una palabra para decir "homosexual".

¿Condena la Biblia la homosexualidad? A lo largo de los siglos la Biblia ha sido invocada como autoridad para justificar la esclavitud, la Inquisición, el racismo, oponerse al avance científico, condenar el heliocentrismo, sostener que la tierra era inmóvil y plana; actualmente muchos basan la discriminación de ia mujer y de los homosexuales apoyándose en argumentos bíblicos. Nuestra opinión es que en la Biblia se utiliza con frecuencia para justificar ideas preconcebidas no sometidas al menor sentido crítico.

Hay dos maneras de acercarse a la comprensión de cualquier texto o literatura antiguos, como es la Biblia: un acercamiento literal y uno históricocrítico. La interpretación literal finge limitarse a repetir lo que el texto dice, sin hacer interpretación; naturalmente cualquier lector interpreta el texto al leerlo, es inevitable: el entorno cultural del lector condiciona necesariamente la lectura. El método histórico-crítico trata de reproducir el contexto en que fue escrito el texto para comprender lo que entendían quienes lo leyeron por primera vez, es decir, trata de actualizarlo para hacer una comprensión lo más correcta posible. Al problema de la comprensión hay que añadir el problema de la traducción de los textos antiguos a lenguas modernas, que reflejan unos esquemas mentales muy distintos: con frecuencia traducción puede querer decir traición.

LA HOMOSEXUALIDAD EN LA BIBLIA HEBREA

El Antiguo Testamento contiene varias citas que se invocan como prohibiciones de la homosexualidad. Todas ellas se refieren a los varones, ninguna al lesbianismo, y vamos a ver que su sentido es muy distinto del que se suele explicar.

El pecado de Sodoma (Gen.19,1-11) y su texto paralelo en Jueces (Jue, 19,22-30)
Los sodomitas no fueron condenados por un "pecado sexual", sino por faltar al deber sagrado de la hospitalidad ( obligación generalizada y común en numerosas civilizaciones antiguas). Numerosas citas bíblicas y escritos judíos y cristianos de los primeros siglos de nuestra era así lo atestiguan:

Hay numerosas citas bíblicas en las que no se relaciona Sodoma con el sexo homosexual, sino con "otros" pecados:
en Eclo. 16,8 la soberbia,
en Ez. 16, 49-50 "soberbia, gula y bienestar apacible, no socorrieron al pobre y al indigente"
en Jer 23,14 "cometen adulterio, viven en la mentira, apoyan a los malvados".

En otras sencillamente no se hace referencia al tipo de pecado concreto: II Pedro 2,6-8, Is.1,10-20, Is.3,8-9. Muchos pasajes dejan claro que el pecado de Sodoma fue faltar a la hospitalidad contra los extranjeros, por ejemplo, Sab. 19,13-15 dice "Los de Sodoma no acogieron a los desconocidos que llegaban ... los de Sodoma dieron hostil acogida a los extranjeros".

Solamente a partir del siglo I dC. se empezó tímidamente a pensar que Sodoma fuera condenada por haber practicado la homosexualidad; pero de hecho esta confusión tardó mucho tiempo en imponerse; ciertamente hasta casi terminada la Edad Media se siguió pensando en "otros" pecados (por ejemplo, Plowman en el siglo XIV creía que sus pecados fueron la opulencia y la pereza). Lo más importante para los cristianos es que Jesús consideró que el pecado de Sodoma fue atentar contra la hospitalidad: así lo demuestran las palabras de Jesús en Luc 10, 8-12 o en Mat. 10, 5-15.

LA HOMOSEXUALIDAD

Denominamos "Código de Santidad" al conjunto de normas que regulan la pureza ritual de la religión hebrea. Su misión era mantener la cultura y la religión del pueblo hebreo (ibre del contagio de los pueblos vecinos. El Código de santidad prohíbe, entre otras cosas, la homosexualidad masculina -no la femenina- y algunas otras actividades sexuales como practicar el sexo durante la menstruación, y no sexuales: tocar sangre, tocar cadáveres, asistir a partos o enterrar cadáveres, comer marisco o carne de cerdo, cortarse el pelo, afeitarse, llevar puesta a la vez ropa de tejidos diversos, etc. Todas estas acciones y otras muchas aparecen calificadas en el texto original hebreo como "to´ievá"(1) , palabra que nuestras biblias suelen traducir como "abominación" o "sacrilegio"; ciertamente abominación y sacrilegio parecen cosas extremadamente graves, pero esto es un problema de mala traducción o quizás de mala comprensión del texto: el hebreo contrapone "to´ievá" a palabras como "`iawón""zimmá" o "het", palabras las tres que califican actos inmorales, éticamente incorrectos, que equivalen por tanto a nuestro término "pecado". En cambio "to`ievá" califica a todo acto que transmita la impureza ritual: su traducción correcta, por tanto, es "tabú". La traducción de los Setenta(2) traduce "to'ievá" al griego como "bdélygma" incluyendo bajo este concepto las transgresiones de la pureza ritual y la idolatría, en tanto que las acciones inmorales o injustas se denominan con el término "anomía".

Los primeros cristianos se enfrentaron entre sí para decidir si los nuevos conversos no originarios del judaísmo (Ilamados "helenistas") debían cumplir estas normas de pureza ritual. Finalmente, encabezados por Pablo de Tarso, decidieron que no. Solamente el prejuicio de ciertos moralistas sigue considerando hoy en día vinculante para los cristianos no mantener relaciones homosexuales, mientras que comer carne de cerdo, o mezclar en la misma comida la carne con el queso, o afeitarse o llevar puesta al mismo tiempo ropa hecha de tejidos diversos o tantas otras les parecen actividades inocuas.

PRACTICAS SEXUALES DURANTE LOS CULTOS RELIGIOSOS (Deu. 22 y Deu. 23,18-19)

En virtud de la Ley de Moisés, los judíos no podían participar en ningún culto pagano, pues todos comportaban idolatría. Sin embargo, los ritos de fertilidad, que incluían diversas prácticas heterosexuales y homosexuales, eran muy frecuentes en Canaán y los hebreos recién llegados de su destierro en Egipto sucumbieron al contagio; a lo largo de varios siglos oímos la voz de los profetas de Judá e Israel clamar contra los cultos extranjeros. Se prohíbe la prostitución sagrada de ambos sexos, es decir, se prohíbe practicar el sexo como idolatría en los cultos a diosas de la fertilidad, no la homosexualidad (ni el sexo heterosexual) fuera de estos cultos.

"Adam and Eve. not Adam and Steve" Con esta frase (inventada por los fundamentalistas norteamericanos) se pretende convertir el relato de la creación en un discurso ético que considere como única sexualidad válida la heterosexual. No era ésa la intención del autor sagrado, que eligió un individuo de cada sexo para simbolizar la totalidad de la raza humana y la reproducción, núcleo y sentido esta última de la institución matrimonial de los pueblos antiguos. Pero en cualquier caso, en el método científico, de la ausencia de argumentos positivos no se puede concluir un argumento positivo. Es pueril creer que porque en los primeros capítulos del Génesis no se mencione la homosexualidad ésta queda implícitamente condenada.

RELACIONES HOMOSEXUALES EN LA BIBLIA HEBREA

Tenemos dos claros ejemplos de relación homosexual: la del futuro rey David con Jonatán, el hijo del rey Saúl, relatada en el libro I Samuel (especialmente I Sam. 18,1-4, I Sam. 20, 30;20, 41-42 y II Sam.1,19-27); el amor de David y Jonatán no necesita explicación alguna, en la elegía fúnebre que canta David por Saúl y Jonatán, muertos en combate contra los filisteos, David dice:
"Qué angustia me ahoga, hermano mío, Jonatán! ¡Cómo te quería! Tu amor era para mí más dulce que el amor de las mujeres. (II Sam 1, 26).

La historia del profeta Daniel y el jefe de los eunucos del palacio real de Babilonia contada en el libro de Daniel (especialmente Dan. 1,9 ss} puede resultar menos evidente para el lector moderno, pero al antiguo no se le escaparía que las atenciones dispensadas por el jefe de los eunucos y alto cargo de la corte del rey Nabucodonosor de Babilonia a Daniel y a sus compañeros revelan un interés excepcional por Daniel. Se suele citar también la historia de Rut y su suegra Noemí (se cuenta en el libro de Rut, especialmente Rut 1,16-17), pero nosotros no vemos claramente un amor homosexual; no obstante la mencionamos porque fue puesta como ejemplo de amor incondicional en enlaces matrimoniales heterosexuales de la iglesia primitiva; creemos que el mero hecho de que la iglesia antigua pusiera como ejemplo de amor para los nuevos esposos el que se tuvieron dos mujeres basta para desautorizar cualquier condena contra el amor homosexual.

LA HOMOSEXUALIDAD EN EL NUEVO TESTAMENTO

Varias citas en el Nuevo Testamento se refieren, o se dice que se refieren, a la homosexualidad: las más representativas son: Rom 1,18-32, I Tim 1,9-11 y I Cor 6,9-10. Cada una de estas citas y algunas otras merecerán atención expresa.

Consideraciones generales
Para la comprensión de la sexualidad desde un punto de vista cristiano no debemos tomar citas aisladas, sino intentar hacer una comprensión global basando toda apreciación en criterios evangélicos:

- no excluir a ninguna persona o grupo en razón de ninguna diferencia: racial, lingüística, social, económica, religiosa, y naturalmente sexual. Jesús no excluyó a nadie.
- no convertir Ia ética cristiana en un legalismo sin sentido, lo cual sería volver a la Ley judía (Torá), que Jesús y las primeras comunidades abandonaron.
- basar toda ética en el precepto del amor al prójimo: no hagas a los demás lo que no quieras que te hagan a ti.

Debemos considerar que Jesús dio muy poca importancia a la ética sexual y familiar, nunca habló contra las prostitutas, relativizó la importancia de la familia como institución, perdonó a las adúlteras -única actividad sexual que parece considerar pecaminosa-. No habló nunca de la homosexualidad; era un tipo de relación que no afectaba a intereses sociales o humanitarios: no producía viudas o mujeres abandonadas sin sustento, no generaba huérfanos o hijos sin padre, ni tampoco provocaba otros problemas sociales. Convertir el sexo en el eje fundamental de la moral, como se hace con frecuencia, es una gravísima traición al mensaje liberador de Jesús.

ROMANOS 1,18-3 2

El texto de Rom.1,18-32 es el más difícil de comprender, aunque es importante porque para muchos es el único texto de la Biblia que menciona el lesbianismo, es al que se hace decir que la homosexualidad es antinatural, y es en e! que se apoyan los fundamentalistas norteamericanos para afirmar que el sida es un castigo de Dios a los homosexuales. Para la enseñanza tradicional en este texto dos referencias directas condenan la homosexualidad: el versículo 26 se refiere al lesbianismo y el 27 a la homosexualidad masculina.

El versículo 26 dice "théleiai autón metélaxan tèn physikén khrêsin eis tèn parà phýsin" la verrsión Cantera-Iglesias hace una traducción muy, muy literal como sigue: "sus mujeres cambiaron el uso natural del cuerpo por el contra la naturaleza"(3). La palabra physis aparece con frecuencia en el Nuevo Testamento, pero no con el sentido de naturaleza; veamos algunos ejemplos: en Rom 2,27 "he ek physeós akrobystía" "!a incircuncisión física", "la incircuncisión corporal"; en Gál 2,15 "hémeis physei Ioudaioi" "somos por nacimiento judíos", "somos judíos de nacimiento"; Rom 2,14 "physei tà toü nómou poiôsin" "instintivamente hacen las obras de la Ley", "por inclinación natural cumplen la Ley"; Gál 4,8 "tois physei mè oûsin theois" "a los que por naturaleza no son dioses", "que en realidad no son dioses";

I Cor11,14-15 "oudè hé physis autè didáskei hymás hoti anèr eàn komâi atimía autôi? "¿no os enseña la propia costumbre que el que un varón Ileve pelo largo es una deshonra para él?". De todas estas citas deducimos que "physis" nombra "lo característico, lo propio, lo esperable"; también en nuestra lengua empleamos la palabra "naturaleza" para referirnos al carácter de algo o alguien. El adjetivo derivado physikós significa "lo que responde o se ajusta al propio carácter de algo o alguien". En cuanto a la preposición pará no significa en absoluto "contra", sino "al lado de" , "además de", "al margen de"(4) : ambas palabras juntas no se pueden traducir "contra la naturaleza", sino "al margen de lo habitual", "fuera de lo acostumbrado" o "de manera no esperada". Ciertamente traducir "pará physin" "contra la ley natural" es suponer que Pablo había aceptado la hipótesis de la filosofía estoica que postulaba la existencia de una ley universal que gobernaba el universo; para los estoicos el principal imperativo ético consistía en ajustar la vida a la ley universal.

Ciertamente la filosofía popular impregnada de ideas estoicas (y también de otras escuelas filosóficas) estaba muy divulgada por todo el Mediterráneo, pero Pablo en el texto de Romanos que estamos estudiando dice (versículos 21-22) "aunque habían conocido a Dios, no le glorificaron ni le dieron gracias como a Dios corresponde, sino que se entregaron a sus razonamientos y su corazón necio se oscureció; aunque se decían sabios, se volvieron tontos". Creemos que estos dos versículos contienen una alusión despectiva hacia el pensamiento filosófico griego; no parece razonable que unas líneas más abajo Pablo argumente su predicación con ideas tomadas del estoicismo; recordemos que él, antes de convertirse al cristianismo, era fariseo, no procedía de un movimiento helenista, sino de una doctrina muy enraizada en la tradición judía(5). A qué prácticas se refiere el versículo 26: no al lesbianismo, como se lee a veces; Pablo no puede añadir nada a la Ley judía, sencillamente el lesbianismo no está prohibido como tabú en el código de santidad, pero sí el tener relaciones sexuales durante la menstruación, tenerlas con hombres incircuncisos, coito anal u oral, la zoofilia, el coito en posturas desacostumbradas (por ejemplo, de pie).

En el versículo 27 Pablo vuelve sus dardos contra los hombres gentiles diciendo según la versión Cantera-Iglesias: "y lo mismo también los varones, dejando el uso natural (physikèn) de la mujer, ardieron en la concupiscencia de unos por otros, realizando la acción vergonzosa (askhémosynén) varones con varones y recibiendo en sí mismos la paga (antimisthían) adecuada a su extravío"(6) . El comienzo del versículo indica que va a continuar tratando de sexualidad, pero la especificación de que son "varones con varones" y que "ardieron en la concupiscencia de unos por otros" se debe a que el versículo anterior no trata de lesbianismo, en este versículo concreta para los varones otro tipo de transgresión. En cuanto al "uso natural" (physikén khrésin), ya hemos hablado arriba suficientemente: la traducción adecuada sería "el sexo habitual", "el sexo característico". La palabra "askhémosyné" se suele traducir como "acciones vergonzosas", "vergüenza"; su sentido no es tan fuerte, pues sencillamente se refiere a cosas inapropiadas, impresentables o inconvenientes.

El versículo 26 comienza diciendo "por esto los entregó Dios a pasiones deshonrosas"; la Nueva Biblia Española traduce "pasiones degradantes", y en general encontramos esas traducciones similares. sin embargo "atimía" es una palabra que no tenía connotaciones morales, atimía es sencillamente algo infravalorado, mal considerado socialmente, de mala nota, pero no contra la ética.

Observamos que el versículo 26 empieza con la palabra "diá toüto" "por eso", es decir, lo dicho en los versículos 18-25 es la causa de que Dios los haya entregado a sus pasiones contrarias a la pureza ritual. Efectivamente los judíos de la época pensaban que los paganos desarrollaban su vida permanentemente en la impureza, pues no seguían la Ley judía; según Pablo nos dice en los versículos que estamos analizando, eso se debía a que, habiendo conocido al Dios único verdadero, prefirieron la idolatría. Pablo no está haciendo ninguna valoración moral sobre la homosexualidad masculina, ni sobe las otras formas de sexo prohibidas en el código de santidad (el lesbianismo ni siquiera se menciona), sencillamente las nombra como muestra de impureza ritual evidente a los ojos de los judíos a quienes se dirigen los primeros capítulos de la epístola. A partir del versículo 28 Pablo hace consideraciones morales: retoma lo dicho en los versículos 18-25 con las palabras "y como no se dignaron tener un conocimiento verdadero de Dios" y a continuación repite "los entregó Dios a una conciencia indigna que los lleva a hacer injusticias"; ahora sí, Pablo hace una lista de acciones éticamente negativas, entre la cuales, ciertamente, no se encuentra la homosexualidad. ¿Por qué Pablo, cuando quiere nombrar un tabú ritual hebreo escoge las prohibiciones sexuales? sencillamente por ser habituales y admitidas plenamente entre los paganos de Roma y ser especialmente desagradables a los judíos; de ese modo evita otros tabúes a los que las primeras comunidades eran muy sensibles, como la circuncisión y los alimentos impuros, ya que en época de Pablo habían dividido a las comunidades cristianas con gravísima controversia entre judaizantes, que pedían que los paganos conversos al cristíanismo cumpliaran la Ley judía en su integridad, y los que querían que el vínculo de las nuevas comunidades fuera solamente la fe en Jesús. Recordemos que Pablo en los primeros capítulos de esta Epístola a los Romanos se dirige a los judíos: busca empezar su enseñanza con cordialidad, partiendo de las ideas báísicas de ellos, ya que en un segundo momento ha de decirles no (Véase Rom 2,1); a partir de 11:13 se dirige a los pnganos: "A vosotros os digo, a los gentiles". Este texto de Pablo no se inspira en absoluto en la filosofía griega, sino en la propia Biblia hebrea; el texto de Sabiduría 13,1-9, y en general los capítulos 13, 14 y 15 del libro de la Sabiduría son la inspiración de Pablo; dicho texto es paralelo a Romanos 1,18-32 y prueba hasta qué punto es erróneo atribuir precisamente a Pablo la creencia en la ley universal de los filósofos estoicos, él que buscaba liberar a los cristianos de la Ley judía. Es además un anacronismo grave.

Naturalmente la frase "recibiendo en sí mismos la paga adecuada a su extravío" no es ninguna profecía, ni referente al sida ni a ninguna otra cosa: solamente quienes convierten la Biblia en excusa de sus prejuicios podían concebir una idea semejante. Para empezar la palabra "antimisthía" no tiene en griego una connotación negativa, simplemente significa "paga"; el extravío o error (plané) a que se refiere Pablo no es la homosexualidad, sino la idolatría, tema auténtico del texto, como ya hemos explicado arriba.

Es paradójico que este texto de Pablo se haya entendido tan mal que haya producido precisamente lo que Pablo pretendía evitar: que no importa el legalismo, sino el amor y la fe en Jesús, que no hay actos ni personas impuros por sí mismos, que no debe haber en la Iglesia división entre "liberales" y legalistas, y que unos creyentes no deben ser apartados o discriminados por otros.

I CORINTIOS 6,9-10 y I TIMOTEO 1,9-10

Pablo en I Cor 6,9-10 y en I Tim 1,9-10 proporciona dos listas de pecados: en la de I Corintios figuran los que están excluidos del Reino, y en la de I Timoteo los que no han recibido la ley de Dios; en ambas listas de pecados los traductores modernos identifican la homosexualidad. En I Cor. aparecen los términos griegos "malakoí"y "arsenokotaai", y en I Timoteo aparece solamente "arsenokoitai": Los traductores actuales las traducen con una variedad de términos que van desde "sodomitas" a "corruptores de menores" pasando por "afeminados", "invertidos", "prostitutos", "homosexuales practicantes" entres otras. Intentemos poner algo de orden.

La palabra "malakós"(8) es muy común en griego y significa básicamente "blando, débil, flojo". En el Nuevo Testamento aparece frecuentemente en el sentido de "débil, flojo, enfermo"; en un contexto de tema moral tendría el sentido de "licencioso, libertino, disoluto". Es gratuito suponer que esta noción se refiera expresa o exclusivamente a las personas homosexuales. De hecho en griego esta palabra no se usaba para hacer referencia a la homosexualidad. La tradición más enraizada desde Tomás de Aquino es entender esta palabra(9) en relación con la masturbación; esta idea ha llegado hasta bien entrado el siglo XX a través de traducciones protestantes. En las traducciones más recientes, puesto que muy pocos moralistas creen que la masturbación sea causa de exclusión en el Reino de Dios, tan dura condena ha sido desplazada a una actividad sexual menos frecuente y menos aceptada socialmente(10).La interpretación que hoy por hoy parece más correcto para "malakoi" es que designa la inmoralidad, la desidia ética en general.

El término "arsenokoítès" es muy extraño en griego; las dos primeras ocasiones en que aparecen son precisamente las dos citas del Nuevo Testamento que estamos tratando; posteriormente aparece en la patrística griega. Pero no es ninguno de los términos que la antigua lengua griega usaba para referirse a prácticas homosexuales: en primer lugar no existía un término genérico para la homosexualidad o los homosexuales, recordemos que esta palabra se ideó en el S. XIX (sí los había para determinadas prácticas). Boswell y McNeill creen que en su origen el término se refiere a la prostitución masculina; esta interpretación se ve reforzada por el contexto del Antiguo Testamento, donde se asociaban ciertas formas de prostitución con cultos idolátricos paganos. Helminiak aporta una explicación más actualizada: La lengua hebrea no tiene un término para expresar la idea de homosexualidad en sentido genérico; la expresión hebrea "mifkav zaxúr" servía para hacer referencia en la enseñanza sinagogal a la prohibición de Levítico 18,22 y 20,13; cuando los rabinos enseñaban o predicaban en griego usaban un calco griego construido sobre la mencionada expresión hebrea: "arsenokoítès": la raíz griega "koi-" se corresponde con la hebrea "fkb-" ambas con el sentido de " acostarse, tener relaciones sexuales", y la raíz griega "arsen-" se corresponde con la palabra hebrea "zaxur""masculino, macho"; "-tês"es un sufijo que construye nombres de agente masculinos, por lo que la palabra esté caracterizada como masculina. Si Jesús y las primeras comunidades cristianos abolieron la pureza ritual de la Ley hebrea, cabe preguntarse por qué aparece en estas epístolas; aparentemente es una flagrante contradicción. ¿Qué pensaban los moralistas del S. I dC. cuando hacían apreciaciones negativas de la homosexualidad? Pensaban en adultos copulando con preadolescentes, pensaban en niños y adolescentes raptados para el comercio de esclavos y destinados a la venta y con frecuencia a la prostitución; por ese motivo no es necesario mencionar el lesbianismo, que no da lugar a abusos semejantes. Cuando nosotros hoy en el S XX hablamos de homosexualidad nos referimos a una variación normal de la orientación sexual que inclina emotiva y genitalmente a algunas personas hacia adultos de su mismo sexo; es una variante definitiva e irreversible(13) . Por tanto concluimos que "arsenokoitai" hace referencia a un tipo de sexo abusivo o explotador. De hecho, si el autor hubiera querido calificar como intrínsecamente mala la homosexualidad, debería hacer referencia también a la homosexualidad femenina.

JUDAS 6-7

Queriendo ser exhaustivos, vamos a explicar una cita que no tiene que ver con la homosexualidad, pero que, por contener unas palabras un tanto extrañas, ha dado lugar a traducciones muy desacertadas. La expresión en cuestión es "sarkós hetéras" : héteros significa primeramente "el otro", y de ahí deriva "diferente, distinto, ajeno, extraño"; "sarx" signíf ica "carne", pero en un texto escrito por alguien de habla semítica, como es el caso de la Epístola de Judas, se puede rastrear un calco del hebreo y del arameo consistente en usar la palabra "carne" con el sentido de "cuerpo", nociones que en lenguas semíticas se expresan con la misma palabra (por ejemplo, en hebreo "basar"(14) significa tanto "cuerpo" como "carne"). Por tanto el sentido de la expresión es "una carne extraña", "un cuerpo ajeno" o "un cuerpo distinto"; nada tiene que ver con la homosexualidad. La expresión tanto en la Biblia como en la literatura hebrea no canónica hace referencia a las relaciones sexuales entre ángeles y humanos; así tenemos numerosos textos: Génesis 6,1-4, Libro de los Jubileos 7,20-21; 10,5 y ss.; 20,5-6, Testamento de Rubén 5,6-7, Testamento de Neftalí 3,5, Enoc 6-10; II Pedro 2,4-6 es un claro apoyo a lo que estamos diciendo(15) . Desde el punto de vista del amor homosexual esta cita de Judas es irrelevante, pero ciertamente proporciona un excelente ejemplo de la diferente visión del mundo que había en la época de Jesús y de cómo los traductores hacen decir a su versión cosas que realmente el original no puede contener.

HECHOS 8,6-39

Como en el Próximo Oriente algunos actos homosexuales masculinos eran expresión de burla, humillación y castigo a enemigo vencido(16) y suponían un grave menoscabo de la virilidad, no podían estar en absoluto bien considerados socialmente; la homosexualidad femenina, en cambio, resultaba indiferente(17) . Por otro lado la alianza de Dios se transmitía racialmente a través del pueblo de Israel , por lo que era muy importante transmitir la vida(18). Esta concepción de la sexualidad está por doquier en el Antiguo Testamento y condiciona la moral sexual de la nación hebrea. Pero el pueblo de Dios en la Nueva Alianza ya no se construye sobre vínculos de sangre, por lo que la necesidad de reproducirse pierde importancia. Al mismo tiempo la perspectiva de la resurrección y la vida del mundo futuro hace que el deseo de perpetuarse por medio de los hijos pierda fuerza. Esta nueva actitud evangélica se pone de manifiesto en Hech 8,26-39. El libro de Isaías profetizaba en Is. 56,3-5 la incorporación de los extranjeros y de los eunucos al pueblo de Dios; Hechos subraya la voluntad de Dios por una Nueva Alianza universal, por eso es el Espíritu Santo el que toma la iniciativa enviando a Felipe para que el extranjero eunuco, alto cargo en una corte extranjera, sea bautizado. Así los grupos que la Ley consideraba impuros en el viejo Israel son plenamente miembros del nuevo pacto: leprosos, samaritanos y los excluidos por razones sexuales: éstos son simbolizados por el eunuco. Recordemos que en el Nuevo Testamento la palabra eunuco (eunoukós) se refiere no solamente a los castrados, sino a todos aquellos que por razones varias no se casaban o no tenían hijos: así en Mateo 19,12 puesta en labios de Jesús se contiene la definición más cercana a lo que hoy entendemos como homosexualidad de toda !a Biblia.

CONCLUSION

La raíz de la homofobia no es la Biblia; hasta el siglo XII la homosexualidad fue admitida plenamente por las iglesias europeas(19) hasta el punto de celebrar liturgias de unión entre personas del mismo sexo(20) . Pero desde el siglo XII los detractores de los homosexuales buscaron justificación a sus ideas en todas las fuentes que tenían a su alcance, también en la Biblia y contribuyeron de este modo a generar la creencia de que la Biblia condena la homosexualidad. Afortunadamente hoy el método histórico-crítico devuelve a la exégesis bíblica la racionalidad que tanto tiempo le ha faltado y nos devuelve a los creyentes la Biblia como historia de una liberación comunitaria y experiencia de una liberación personal.

La Biblia no es un libro mágico, no es un amontonamiento absurdo de normas éticas contradictorias, no puede ser reducido a un almacén de citas aisladas para justificar los prejuicios sociales, religiosos, étnicos, sexuales raciales, etc. La Biblia es un patrimonio religioso, humano y cultural universal también de los homosexuales, consistente en la experiencia religiosa de 2000 años, desde que Abrahán salió de Ur abandonado a sus ídolos hasta que las primeras comunidades cristianas se organizan para dar testimonio de la resurrección de Jesús. Para nosotros los cristianos, Jesús de Nazaret es la cumbre de la Biblia y la luz que le da todo su sentido. Quienes condenan la homosexualidad, además de justificar la homofobia social, en la práctica excluyen a los homosexuales de la comunidad cristiana; para una persona homosexual no tiene sentido que le digan "la condición homosexual no es pecaminosa, su práctica sí lo es", porque la sexualidad afecta a la raíz más profunda de la psique humana e involucra numerosas facetas de la personalidad de heterosexuales y de homosexuales: nadie puede separar condición de sentimientos. Quienes excluyen a los homosexuales excluyen también a Jesús, que anduvo en compañía de leprosos y prostitutas.


BIBLIOGRAFIA

En nuestras lenguas no es abundante la bibliografía sobre cristianismo y homosexualidad, menos aún sobre homosexualidad en la Biblia; no obstante desde hace algunos años lentamente van apareciendo traducciones: Para un planteamiento inicial del problema de los homosexuales en la Iglesia CatólicoRomana, especialmente desde un punto de vista psicológico, tenemos la obra del presbítero y psiquiatra francés Marc ORAISON "El problema homosexual", Madrid1976 (Ed. Taurus); cabe añadir que no este libro ha perdido actualidad y consiguientemente interés. Haciendo también un planteamiento inicial, pero atreviéndose ya a proponer soluciones es mucho más interesante la obra de John J. McNEILL "La iglesia ante la homosexualidad", Barcelona 1979 (Ed. 6rijalbo), este autor además hace un estudio completísimo sobre exégesis, tradición teología moral, etc., introduce a la psicología: su lectura es imprescindible. Quien quiera informarse de los últimos avances exegéticos en relación con la homosexualidad no puede prescindir del la lectura de la obra de Daniel A. HELMINIAK "What the Bible Really Says about Homosexuality", San Francisco 1994 (Ed. Alamo Square Press); desgraciadamente no traducida a ninguna de nuestras lenguas esta breve obra concebida en perspectiva ecuménica hace un estudio histórico-crítico muy interesante de todos los textos bíblicos real o supuestamente relacionados con la homosexualidad y los explica ampliamente; no se necesita ser un experto en exégesis para entenderlo por su gran claridad y concisión. Algunos de los argumentos que da Helminiak aparecen recogidos de forma resumida en la obra de John BOSWELL "Cristianismo, tolerancia social y homosexualidad", Barcelona 1992 (Muchnik editores); Boswell es un historiador especializado en edad antigua y media que hace un estudio amplio sobre el origen de la homofobia en Europa y su relación con el cristianismo; llega a conclusiones sorprendentes que desmontan muchos lugares comunes. Del mismo historiador John BOSWELL "Las bodas de la semejanza", Barcelona 1996 (Muchnik editores) trata sobre las ceremonias para la unión de personas del mismo sexo existentes en las iglesias primitivas; esta obra, aunque no investiga directamente el tema de la homosexualidad en la Biblia, es sumamente ilustrativa de cómo los prejuicios pueden ganar carta de naturaleza y pasar por ser lo originario, cuando en realidad son tardíos y han sustituido a la tolerancia cristiana original.

En especial queremos dar las gracias al presbítero de la Iglesia Española Reformada y experto en teología moral D. Antonio Andrés Puchades, por sus orientaciones valiosas e imprescindibles (especialmente en lo referente a la ética neotestamentaria), sin las cuales no habríamos concluido este artículo.

® Rafael 5. V. Rivera.
  



 
 



 
 

¿Cuál es el sentido de mi vida?


Muchas veces me he preguntado cual es el sentido de mi vida y más aún cómo estoy realizando ese sentido que muchas veces no alcanzo a comprender del todo. Pues bien, viendo hacia atrás, veo que mi vida entera no ha sido más que una larga búsqueda de Dios. En esta búsqueda ha jugado un papel importante la Iglesia católica, una comunidad que se me presenta como un claroscuro o una noche en la que se atisba, pero no termina de despertar la aurora.

Estas reflexiones sobre la Iglesia no nacen del resentimiento ni tan siquiera de una supuesta herida; nacen de un sincero deseo de caminar junto a otros hermanos míos que son católicos y homosexuales y se sienten, nos sentimos perplejos, ante la actitud de la Iglesia católica ante nosotros y nuestros derechos. Una actitud, que en estos últimos meses está alcanzando proporciones verdaderamente escandalosas de empezar a convertirse en una auténtica neurosis obsesiva por parte de algunos miembros importantes de la jerarquía de la Iglesia.

Por eso comienzo diciendo que estas palabras nacen del amor; sí, del amor filial a la Iglesia y al mismo tiempo de la necesidad de compartir, dialogar e incluso discutir. Delante de mi tengo estas palabras de la Escritura que quiero sean la guía del presente escrito:“No obréis por rivalidad ni por ostentación, dejaos guiar por la humildad y considerad siempre superiores a los demás. No busquéis vuestros intereses, sino buscad todos el interés de los demás”(Flp. 2, 2b-4)

Me ha costado siempre mucho comprender la cerrazón de la Iglesia ante nuestra realidad. Una cerrazón que parte de la negativa a un simple acercamiento, a un simple diálogo que nace de la Encarnación en la que Dios se ha hecho hombre dialogando con el hombre.

La Iglesia dice respetarme y condenar toda discriminación, pero me declara pecador si opto por amar y entregarme a alguien de la única manera que puedo hacerlo; pone todos los medios a su alcance para evitar que tenga los mismos derechos que el resto de la humanidad; me declara enfermo, inmaduro e invertido; me niega la posibilidad de ejercer el ministerio pastoral y hasta me dice culpable de intentar destruir la“familia tradicional”y con ello la sociedad de la cual es la base.

Y por si fuera poco, todo esto lo hace en nombre de Dios. Y entonces, yo me pregunto ¿Dios también me rechaza, me condena? Y entonces, pregunté a Dios ¿También Tu me condenas? ¿Por qué me has creado así entonces? Y Dios me presentó una respuesta desconcertante: me presentó la muerte de su Hijo en la Cruz como una respuesta a ese grito que salía del fondo de un corazón que buscaba respuesta en Aquel que era el Único capaz de darla.

He pasado muchos años contemplando esa respuesta enigmática en el silencio de la contemplación de ese Dios crucificado. Y mi grito ante Dios se fue transformando en un sentimiento de compasión: Dios mío, ¿porqué te han crucificado? Y en esa respuesta, en la respuesta a esa pregunta de porqué han crucificado al Dios Encarnado, encontré la respuesta de Por qué los“representantes”de Dios crucifican hoy a tantos hombres y mujeres por el hecho de ser homosexuales.

¿Quién mató a Jesús? La condena de Jesús fue una condena religiosa. Son los representantes de la presencia de Dios los que condenan a Jesús. Dios había sido definido y sigue siendo definido por los poderes religiosos. Pero una religión se convierte en perversión cuando usa el nombre de Dios para sus propios intereses y su propia concepción del mundo y de la estructura social. Dios queda definido por lo que los poderes religiosos dicen de ÉL. Y entonces Jesús quedó definido por los poderes religiosos como alguien que se opone a Dios, pero Dios, ¿Qué Dios?

Según la ley religiosa yo soy un condenado. Pero ¿y para Jesús? La pregunta está en si Dios viene manifestado por Jesús o por los poderes religiosos. Nos encontramos en la lucha entre la verdad de Dios manifestada en su hijo Jesucristo o la verdad de Dios reducida idolátricamente por el poder religioso. Y esto hace que la verdad y la bondad se degraden.

Nos encontramos aquí con un gran problema: hombres que quieren ser buenos, que buscan la voluntad de Dios, y que al mismo tiempo buscan destruirnos contra la voluntad de Dios que nos ha creado así. Este es el gran engaño de Satanás: hacer creer al poder religioso que hace el bien cuando está haciendo el mal. El hombre religioso queda atrapado por el espacio de la rivalidad y la confrontación. Dios se convierte en sus manos en el gran destructor de la fraternidad humana. Estos nuevos fariseos buscan la justicia, pero su justicia, aniquilando a los que creen que son injustos. Esta forma de“santidad”de“justicia”lo que hace es crear un infierno, e infierno es el lugar dónde no está Dios; por tanto, estos poderes religiosos en vez de manifestar al mundo la presencia de Dios, crean espacios de“no-Dios”.

¿Porqué los poderes religiosos (sacerdotes y fariseos) van a acabar con Jesús? Porque Jesús desde el principio va a integrar a todos aquellos que están fuera de la ley, a todos aquellos que desde su justicia los consideraban pecadores. Hay desde el principio una tensión entre la forma de entender la religión y el mundo Jesús y los poderes religiosos. La acción de Jesús fundamentalmente es de reintegración de todos aquellos que los poderes religiosos excluían de Dios y de la sociedad. Jesús invita a su Reino fundamentalmente, aunque no sólo, a aquellos que la religión consideraba condenados por Dios: pecadores, putas, enfermos, publicanos, paganos… hoy somos los homosexuales los que no entramos dentro de la ley religiosa y por eso los poderes religiosos nos excluyen del espacio sacral y lo intentan de la sociedad.

En la vida de Jesús van a aparecer los impíos como píos, y los justos y religiosos como injustos. Hoy como sucedió en tiempos de Jesús son los“justos”, aquellos que se han hecho con el poder de decidir lo que agrada a Dios y lo que no le agrada, dónde está el pecado y lo mismo que en su tiempo condenaron a Jesús por blasfemo, hoy a muchos nos condenan por ir“contra natura”y contra la ley de Dios. Pero hoy como ayer el pecado no está en nosotros sino en los que nos condenan; son esclavos de su propio pecado y no adoran a Dios, sino a la“bestia”(Ap.13). Jesús fue matado por los sacerdotes, pero Jesús no tenía pecado; el pecado estaba en los sacerdotes. Jesús murió por no cumplir la ley, por ser un blasfemo. A nosotros los sacerdotes de hoy nos condenan con las mismas palabras con las que condenaron a Jesús:“nosotros tenemos una ley y según esa ley…”(Jn 19,7)

La condena a la que continuamente nos someten los hombres de Iglesia, y por la que declaran que nuestra vida no es grata a los ojos de Dios, es un signo claro de que no han aceptado la palabra última de Dios manifestada en Cristo Jesús. La condena y la persecución a la que continuamente nos vemos sometidos por las Iglesias cristianas son un portazo en las narices de Dios dado por aquellos mismos que dicen ser sus representantes:“Vino a los suyos, y los suyos no lo recibieron”(Jn 1,11)

La Iglesia nos dice en nombre de Dios, que si vivimos como lo que somos: hombres y mujeres homosexuales estamos en enemistad con Dios. Y nos dicen: no es que nosotros lo digamos, sino que es la voluntad de Dios. De nuevo, la frase con la que condenaron a Jesús, se repite; es como si dijeran excusándose; nosotros somos buenos, pero“nosotros tenemos una ley que es dada por Dios, y según esa ley….”(Jn.19,7). Pero la Palabra definitiva de Dios es Jesús, Palabra que los sacerdotes de ayer y de hoy no pudieron aceptar y por eso lo llevaron a la muerte por blasfemo. Jesús, murió condenado y nosotros somos condenados, por una visión satánica que tienen los sacerdotes de ayer y de hoy de Dios. UN Dios que sólo sirve a sus intereses, un Dios que condena con su ley y que siembra la historia de victimas, que convierte la existencia humana de muchos hombres y mujeres en un infierno, despojándolos de su dignidad social; un dios falso que es humillación del hombre y que los sacerdotes de ayer y de hoy usan para expulsarnos a algunos del mundo humano.

Pero Jesús ha entrado en Aquel lugar donde los hombres se creían alejados de Dios, condenados por sus representantes. Jesús, condenado como blasfemo, invitó e invita a los sacerdotes, a todos los poderes religiosos, a hacer de su vida no una condena para los demás, sino a ser dadores de vida desde la verdad de Dios. Jesús está ya para siempre unidos a todos aquellos hombres y mujeres homosexuales que a lo largo de tantos siglos hemos sido condenados por está visión satánica de Dios, que muchas veces ha mostrado la Iglesia, todas las Iglesias.

La muerte de Jesús, el Justo condenado por aquellos que se creían portadores de la verdad de Dios se convierte para nosotros hoy en Aquel que nos da vida; como a la adúltera, nos hace sabernos amados por Dios, como al publicanos nos hace llamados a seguirle; como a Zaqueo nos hace sentir la mirada acogedora del Padre.

¿Qué dice el Crucificado a la Iglesia?“Ponte detrás de mi, Satanás, que piensas como los hombres y no como Dios”(Mc, 8,33).“Ponte detrás de mi”es decirle que vuelva al seguimiento, a seguir la vida y las enseñanzas de Jesús, siguiendo sus pasos, sus acciones y sobretodo una llamada a convertirse al Dios de Jesús.






  SOS por nuestra Iglesia
Es un documento largo, se puede estar o no de acuerdo con el, pero no puede caber duda de que nace desde un corazón cristiano.
 
Henri Boulad sj, 31-Enero-2010
El autor de este grito tiene 78 años. Hace tres años escribió una carta personal al papa, abriéndole su corazón sangrante. Ante la falta de respueta, la ha hecho pública y circula ahora por todo el mundo. Ha hecho bien, porque su análisis es muy certero y debe ser compartido. Nosotros la publicamos ahora -aunque Oriol Domingo hace dos meses que dio noticia de ella en La Vanguardia- , una vez que hemos podido disponer de la traducción íntegra del texto. No para ahondar la herida sino para urgir remedio.
 
CARTA PERSONAL de Henri BOULAD SJ AL PAPA BENEDICTO XVI .
 
Santo Padre:
 
Me atrevo a dirigirme directamente a Usted, pues mi corazón sangra al ver el abismo en el que se está precipitando nuestra Iglesia. Sabrá disculpar mi franqueza filial, inspirada a la vez por “la libertad de los hijos de Dios” a la que nos invita San Pablo, y por mi amor apasionado por la Iglesia.
 
Le agradeceré también sepa disculpar el tono alarmista de esta carta, pues creo que “son menos cinco” y que la situación no puede esperar más.
 
Permítame en primer lugar presentarme. Jesuita egipciolibanés de rito melquita, pronto cumpliré 76 años. Desde hace tres años soy rector del colegio de los jesuitas en El Cairo, tras haber desempeñado los siguientes cargos: superior de los jesuitas en Alejandría, superior regional de los jesuitas de Egipto, profesor de teología en El Cairo, director de Caritas-Egipto y vicepresidente de Caritas Internationalis para Oriente Medio y África del Norte. Conozco muy bien a la jerarquía católica de Egipto por haber participado durante muchos años en sus reuniones como Presidente de los superiores religiosos de institutos en Egipto. Tengo relaciones muy cercanas con cada uno de ellos, algunos de los cuales son antiguos alumnos míos. Por otra parte, conozco personalmente al Papa Chenouda III, al que veía con frecuencia. En cuanto a la jerarquía católica de Europa, tuve ocasión de encontrarme personalmente muchas veces con alguno de sus miembros, como el cardenal Koening, el cardenal Schönborn, el cardenal Martini, el cardenal Daneels, el Arzobispo Kothgasser, los obispos diocesanos Kapellari y Küng, los demás obispos austríacos y otros obispos de otros países europeos. Estos encuentros se producen con ocasión de mis viajes anuales para dar conferencias por Europa: Austria, Alemania, Suiza, Hungría, Francia Bélgica… En estos recorridos me dirijo a auditorios muy diversos y a los media (periódicos, radios, televisiones…). Lo mismo hago en Egipto y en Oriente Próximo.
 
He visitado unos cincuenta países en los cuatro continentes y he publicado unos treinta libros en unas quince lenguas, sobre todo en francés, árabe, húngaro y alemán. De los trece libros en esta lengua, quizá haya leído Usted “Gottessöhne, Gottestöchter” [Hijos, hijas de Dios], que le hizo llegar su amigo el P. Erich Fink de Baviera.
 
No digo esto para presumir, sino para decirle sencillamente que mis intenciones se fundan en un conocimiento real de la Iglesia universal y de su situación actual, en 2007.
 
Vuelvo al motivo de esta carta, intentaré ser lo más breve, claro y objetivo posible. En primer lugar, unas cuantas constataciones (la lista no es exhaustiva):
 
1. La práctica religiosa está en constante declive. Un número cada vez más reducido de personas de la tercera edad, que desaparecerán enseguida, son las que frecuentan las iglesias de Europa y de Canadá. No quedará más remedio que cerrar dichas iglesias o transformarlas en museos, en mezquitas, en clubs o en bibliotecas municipales, como ya se hace. Lo que me sorprende es que muchas de ellas están siendo completamente renovadas y modernizadas mediante grandes gastos con idea de atraer a los fieles. Pero no es esto lo que frenará el éxodo.
2. Seminarios y noviciados se vacían al mismo ritmo, y las vocaciones caen en picado. El futuro es más bien sombrío y uno se pregunta quién tomará el relevo. Cada vez más parroquias europeas están a cargo de sacerdotes de Asia o de África.
3. Muchos sacerdotes abandonan el sacerdocio y los pocos que lo ejercen aún –cuya edad media sobrepasa a menudo la de la jubilación– tienen que encargarse de muchas parroquias, de modo expeditivo y administrativo. Muchos de ellos, tanto en Europa como en el Tercer Mundo, viven en concubinato a la vista de sus fieles, que normalmente los aceptan, y de su obispo, que no puede aceptarlo, pero teniendo en cuenta la escasez de sacerdotes.
4. El lenguaje de la Iglesia es obsoleto, anacrónico, aburrido, repetitivo, moralizante, totalmente inadaptado a nuestra época. No se trata en absoluto de acomodarse ni de hacer demagogia, pues el mensaje del Evangelio debe presentarse en toda su crudeza y exigencia. Se necesitaría más bien proceder a esa “nueva evangelización” a la que nos invitaba Juan Pablo II. Pero ésta, a diferencia de lo que muchos piensan, no consiste en absoluto en repetir la antigua, que ya no dice nada, sino en innovar, inventar un nuevo lenguaje que exprese la fe de modo apropiado y que tenga significado para el hombre de hoy.
5. Esto no podrá hacerse más que mediante una renovación en profundidad de la teología y de la catequética, que deberían repensarse y reformularse totalmente. Un sacerdote y religioso alemán que encontré recientemente me decía que la palabra “mística” no estaba mencionada ni una sola vez en “El nuevo Catecismo”. No lo podía creer. Hemos de constatar que nuestra fe es muy cerebral, abstracta, dogmática y se dirige muy poco al corazón y al cuerpo.
6. En consecuencia, un gran número de cristianos se vuelven hacia las religiones de Asia, las sectas, la new-age, las iglesias evangélicas, el ocultismo, etcétera. No es de extrañar. Van a buscar en otra parte el alimento que no encuentran en casa, tienen la impresión de que les damos piedras como si fuera pan. La fe cristiana que en otro tiempo otorgaba sentido a la vida de la gente, resulta para ellos hoy un enigma, restos de un pasado acabado.
7. En el plano moral y ético, los dictámenes del Magisterio, repetidos a la saciedad, sobre el matrimonio, la contracepción, el aborto, la eutanasia, la homosexualidad, el matrimonio de los sacerdotes, los divorciados vueltos a casar, etcétera, no afectan ya a nadie y sólo producen dejadez e indiferencia. Todos estos problemas morales y pastorales merecen algo más que declaraciones categóricas. Necesitan un tratamiento pastoral, sociológico, psicológico, humano… en una línea más evangélica.
8. La Iglesia católica, que ha sido la gran educadora de Europa durante siglos, parece olvidar que esta Europa ha llegado a la madurez. Nuestra Europa adulta no quiere ser tratada como menor de edad. El estilo paternalista de una Iglesia “Mater et Magistra” está definitivamente desfasado y ya no sirve hoy. Los cristianos han aprendido a pensar por sí mismos y no están dispuestos a tragarse cualquier cosa.
 9. Las naciones más católicas de antes –Francia, “primogénita de la Iglesia” o el Canadá francés ultracatólico– han dado un giro de 180º y han caído en el ateísmo, el anticlericalismo, el agnosticismo, la indiferencia. En el caso de otras naciones europeas, el proceso está en marcha. Se puede constatar que cuanto más dominado y protegido por la Iglesia ha estado un pueblo en el pasado, más fuerte es la reacción contra ella.
10. El diálogo con las demás iglesias y religiones está en preocupante retroceso hoy. Los grandes progresos realizados desde hace medio siglo están en entredicho en este momento.
 
 Frente a esta constatación casi demoledora, la reacción de la iglesia es doble:
 
– Tiende a minimizar la gravedad de la situación y a consolarse constatando cierto repunte en su facción más tradicional y en los países del tercer mundo.
 
– Apela a la confianza en el Señor, que la ha sostenido durante veinte siglos y será muy capaz de ayudarla a superar esta nueva crisis, como lo ha hecho con las precedentes. ¿Acaso no tiene promesas de vida eterna?
 
 A esto respondo:
 
– No es apoyándose en el pasado ni recogiendo sus migajas como se resolverán los problemas de hoy y de mañana.
 
– La aparente vitalidad de las Iglesias del tercer mundo es equívoca. Según parece, estas nuevas Iglesias atravesarán pronto o tarde por las mismas crisis que ha conocido la vieja cristiandad europea.
 
– La Modernidad es irreversible y por haberlo olvidado es por lo que la Iglesia se encuentra hoy en semejante crisis. El Vaticano II intentó recuperar cuatro siglos de retraso, pero se tiene la impresión que la Iglesia está cerrando lentamente las puertas que se abrieron entonces, y tentada de volverse hacia Trento y Vaticano I, más que hacia Vaticano III. Recordemos la declaración de Juan Pablo II tantas veces repetida: “No hay alternativa al Vaticano II”.
 
– ¿Hasta cuándo seguiremos jugando a la política del avestruz y a esconder la cabeza en la arena? ¿Hasta cuándo evitaremos mirar las cosas de frente? ¿Hasta cuándo seguiremos dando la espalda, crispándonos contra toda crítica, en lugar de ver ahí una oportunidad de renovación? ¿Hasta cuándo continuaremos posponiendo ad calendas graecas una reforma que se impone y que se ha abandonado demasiado tiempo?
 
– Sólo mirando decididamente hacia delante y no hacia atrás la Iglesia cumplirá su misión de ser ”luz del mundo, sal de la tierra, levadura en la pasta”. Sin embargo, o que constatamos desgraciadamente hoy es que la Iglesia está en la cola de nuestra época, después de haber sido la locomotora durante siglos.
 
– Repito lo que decía al principio de esta carta: “¡SON MENOS CINCO!” –¡fünf vor zwölf!– La Historia no espera, sobre todo en nuestra época, en que el ritmo se embala y se acelera?
 
– Toda operación comercial que constata un déficit o disfunción se reconsidera inmediatamente, se reúne a expertos, intenta recuperarse, se movilizan todas sus energías para superar la crisis.
 
– ¿Por qué la Iglesia no hace otro tanto? ¿Por qué no moviliza a todas sus fuerzas vivas para un aggiornamento radical? ¿Por qué?
 
– ¿Por pereza, dejadez, orgullo, falta de imaginación, de creatividad, quietismo culpable, en la esperanza de que el Señor se las arreglará y que la Iglesia ha conocido otras crisis en el pasado?
 
– Cristo, en el Evangelio, nos pone en guardia: “Los hijos de las tinieblas gestionan mucho mejor sus asuntos que los hijos de la luz…”
 
ENTONCES, QUÉ HACER?… La Iglesia tiene hoy una necesidad imperiosa y urgente de una TRIPLE REFORMA:
 
1. Una reforma teológica y catequética para repensar la fe y reformularla de modo coherente para nuestros contemporáneos.
 
Una fe que ya no significa nada, que no da sentido a la existencia, no es más que un adorno, una superestructura inútil que cae de sí misma. Es el caso actual.
 
2. Una reforma pastoral para repensar de cabo a rabo las estructuras heredadas del pasado.
 
3. Una reforma espiritual para revitalizar la mística y repensar los sacramentos con vistas a darles una dimensión existencial, a articularlos con la vida.
 
Tendría mucho que decir sobre esto. La Iglesia de hoy es demasiado formal, demasiado formalista. Se tiene la impresión de que la institución asfixia el carisma y que lo que finalmente cuenta es una estabilidad puramente exterior, una honestidad superficial, cierta fachada. ¿No corremos el riesgo de que un día Jesús nos trate de “sepulcros blanqueados”?
 
Para terminar, sugiero la convocatoria de un sínodo general a nivel de la iglesia universal, en el que participaran todos los cristianos –católicos y otros– para examinar con toda franqueza y claridad los puntos señalados más arriba y los que se propusieran. Tal sínodo, que duraría tres años, se terminaría con una asamblea general –evitemos el término “concilio”– que sintetizara los resultados de esta investigación y sacara de ahí las conclusiones.
 
Termino, Santo Padre, pidiéndole perdón por mi franqueza y audacia y solicito vuestra paternal bendición. Permítame también decirle que vivo estos días en su compañía, gracias a su extraordinario libro “Jesús de Nazareth”, que es objeto de mi lectura espiritual y de meditación cotidiana.
 
 
Suyo afectísimo en el Señor,
 
P. Henri Boulad, s.j.
 

 

¿No necesitamos profetas?
(Lucas 4, 22-30)

Vaya que si necesitamos profetas que presenten la alternativa del Reino de Dios frente a los “Sacerdotes del Templo”…

“Un gran profeta ha surgido entre nosotros”. Así gritaban en las aldeas de Galilea, sorprendidos por las palabras y los gestos de Jesús. Sin embargo, no es esto lo que sucede en Nazaret cuando se presenta ante sus vecinos como ungido como Profeta de los pobres.

Jesús observa primero su admiración y luego su rechazo. No se sorprende. Les recuerda un conocido refrán: “Os aseguro que ningún profeta es bien acogido en su tierra”. Luego, cuando lo expulsan fuera del pueblo e intentan acabar con él, Jesús los abandona. El narrador dice que “se abrió paso entre ellos y se fué alejando”. Nazaret se quedó sin el Profeta Jesús.

Jesús es y actúa como profeta. No es un sacerdote del templo ni un maestro de la ley. Su vida se enmarca en la tradición profética de Israel. A diferencia de los reyes y sacerdotes, el profeta no es nombrado ni ungido por nadie. Su autoridad proviene de Dios, empeñado en alentar y guiar con su Espíritu a su pueblo querido cuando los dirigentes políticos y religiosos no saben hacerlo. No es casual que los cristianos confiesen a Dios encarnado en un profeta.

Los rasgos del profeta son inconfundibles. En medio de una sociedad injusta donde los poderosos buscan su bienestar silenciando el sufrimiento de los que lloran, el profeta se atreve a leer y a vivir la realidad desde la compasión de Dios por los últimos. Su vida entera se convierte en “presencia alternativa” que critica las injusticias y llama a la conversión y el cambio.

Por otra parte, cuando la misma religión se acomoda a un orden de cosas injusto y sus intereses ya no responden a los de Dios, el profeta sacude la indiferencia y el autoengaño, critica la ilusión de eternidad y absoluto que amenaza a toda religión y recuerda a todos que sólo Dios salva. Su presencia introduce una esperanza nueva pues invita a pensar el futuro desde la libertad y el amor de Dios.

Una Iglesia que ignora la dimensión profética de Jesús y de sus seguidores, corre el riesgo de quedarse sin profetas. Nos preocupa mucho la escased de sacerdotes y pedimos vocaciones para el servicio presbiteral. ¿Por qué no pedimos que Dios suscite profetas? ¿No los necesitamos? ¿No sentimos necesidad de suscitar el espíritu profético en nuestras comunidades?.

Una Iglesia sin profetas, ¿no corre el riesgo de caminar sorda a las llamadas de Dios a la conversión y el cambio? Un cristianismo sin espíritu profético, ¿ no tiene el peligro de quedar controlado por el orden, la tradición o el miedo a la novedad de Dios?

José Antonio Pagola